Historia del edificio Merced 88


Diez años estuvo cerrada la casa que se conoce como “La Portada Colonial”, ubicada en la esquina de Merced con Irene Morales, frente al Forestal; de 1945 a 1955.

Con sus manteles de hilo, platería, muebles antiguos e incluso, en la entrada, una enorme armadura medieval. La dueña, Elena Sánchez, convencida de que su marido Luis Valverde no habría muerto de ser atendido a tiempo en un hospital como los de Estados Unidos, la había cerrado para ir a vivir en Nueva York.

La casa tiene mucho interés para la historia de la arquitectura porque es obra pionera de Martín Noel, el arquitecto argentino que promovió el neocolonial como camino de identidad para América Latina, alcanzando una influencia notoria en algunos países como Chile, donde la misma tendencia llegó hasta La Serena.

La residencia de Merced 88 se aseaba regularmente pero nadie la habitaba. En 1955, el yerno de la dueña, senador Arturo Lyon Edwards, recibió una llamada del dueño del quiosco vecino y éste le comentó que se había enterado de “la mudanza”.

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La policía se movilizó, en una aparatosa operación que atrajo la atención de toda la prensa, logrando ubicar a dos hermanos que habían vivido meses ahí sin ser advertidos, impecablemente vestidos con los trajes encontrados que, suerte tras suerte, les caían como a la medida.

Después comenzaron a llevarse algunas cosas, incluyendo los azulejos portugueses de los baños, hasta que decidieron vaciarla. En la periferia vivía la madre de los saqueadores, rodeada de muebles, refrigerador, todo lo que le habían llevado sus cariñosos hijos. Abrió la puerta llevando un vestido de Lord&Taylor.

El senador Lyon Edwards, vivía desde 1948 en la primera casa de la calle Alcántara, Nº 218, siguiendo la tendencia impulsada por el tío Ricardo Lyon que había loteado su fundo hasta el Canal San Carlos, a quien siguió Isidora Goyenechea con el suyo a partir del canal.

Esta historia aparece en el primer libro de la colección “Historia de lo Cotidiano”, del Centro de Estudios Bicentenario. Se llama “Julieta” porque es la biografía de Julieta Valverde y está escrito por su hija Francisca Lyon Valverde. No pretende sino dejar plasmado en páginas tangibles que resistirán el avance del tiempo y el olvido de la memoria humana, el registro de una historia familiar. Sin embargo, como muchas veces ha sucedido con historias similares a estas, deja entrever un ambiente social, un marco urbano, costumbres, una época.

Según revelan relatos y escasas fotografías que se tienen de la época, se sabe que en el primer piso de la casa estaba el escritorio del dueño de casa. Desde el centro del hall, una amplia escala de madera conducía hacia las habitaciones del segundo y tercer piso. El salón, en el segundo piso, ocupaba todo el frontis de la casa y las ventanas de éste daban directamente sobre el parque. A la derecha estaba el comedor, en cuyos muros lucían cerámicas portuguesas, y desde el cual se accedía al patio de luz y la fuente de agua. En la esquina del comedor destacó siempre una calesa antigua de madera colorada, con ornamentos dorados y forrada en seda.

Construida en 1925 por el argentino Martín Noel, célebre exponente del neocolonialismo en América Latina, la casa fue concebida como parte de un proyecto aún mayor: junto a ella, Noel construyó otra residencia de características muy similares, pero separada por una cochera común y un patio de luz con una gran fuente de agua al que ambas tendrían acceso. Así, el edificio constaría de una casona con vista a la Alameda y otra al corazón del Parque Forestal, a pocos pasos de la ex Embajada de Estados Unidos y al frente de la Fuente Alemana.

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A meses de construido el edificio, el embajador de Colombia en Chile se enamoró del sector y adquirió una de las dos propiedades, precisamente la que daba al Forestal, con el objeto de convertirla en su residencia oficial, lugar en que vivió hasta que enviudó en 1929. Durante esos años, el diplomático amobló la casa por completo, decorándola con los mejores muebles y dotándola de elegantes objetos importados principalmente de Francia e Inglaterra. Días previos a su partida de Chile, el embajador conoció a una pareja extranjera que demostró interés en comprar la casa que, para suerte de ellos, se vendía con todo lo que se encontraba en su interior.

“Cuando a Luis Valverde, padre de mi madre, lo nombraron presidente regional de la Grace Co. a mediados de los años 20, tuvo que dejar Chile y partir a Nueva York, ciudad en que vivió muchos años. Regresó a Santiago en 1929 con su mujer, Elena Sánchez, y su hija mayor, Julieta, por un período de trabajo. Empezó a buscar casa y dio con ésta que, claramente, le vino de perilla: él había dejado todas sus cosas en Estados Unidos y necesitaba establecerse aquí lo antes posible”, recuerda Francisca Lyon Valverde, autora del libro Julieta, una historia de familia, el mismo al que se refiere como un abierto homenaje a su madre, “un verdadero personaje de la historia de Chile”.

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